La disciplina como base del buen clima en el vestuario.





Según la Real Academia de la Lengua Española, disciplinar consiste en el conjunto de acciones realizadas para la formación de la persona, sobre todo, en el ámbito moral, al mismo tiempo que instruir, enseñar a alguien su profesión, dándole lecciones y, por último, hacer guardar las leyes y ordenamientos.

Así́, podemos afirmar que se trata de otro proceso de enseñanza-aprendizaje, como pueda ser el técnico-táctico, y que, por tanto, al entrenador con su equipo corresponde desarrollarla. Por otro lado, el entrenador también será́ el máximo responsable y encargado de que se respete y cumpla el código común establecido por y para todos.

Pep Guardiola, entrenador reconocido a nivel mundial, a su llegada al F.C. Barcelona, manifestaba en diferentes medios de prensa que alcanzarían el buen clima y la estabilidad en el equipo por medio de la disciplina. Inicialmente, esta declaración sonó́ como un mensaje amenazador o intimidatorio, y nada más lejos de la realidad, pues, como se comprobó́ posteriormente, el trato afectuoso y las buenas relaciones entre jugadores y entrenador fueron modélicas.

Curiosamente, de manera similar, Xavi Hernández, ex-jugador de Guardiola, ha manifestado en su presentación como nuevo entrenador del Barça, que la disciplina y el orden será lo más importante en un primer momento para restablecer la buena dinámica del equipo.

Quizás el término disciplina pueda parecer un tanto arcaico, intimidatorio o dictatorial, pero forma parte de la propia naturaleza humana por el hecho de ser se- res sociales, y, por mucho que nos empeñemos en parecer entrenadores enrollados, nunca llegaremos a conseguirlo sin establecer una disciplina. Otra cosa es el cómo instaurar dicha disciplina.

A continuación se proponen en la figura 17 tres ámbitos de actuación disciplinaria. Por un lado, podemos establecer contenidos para el trabajo a nivel personal que fomenten la ética y el desarrollo profesional, ya sea como futbolistas profesionales o no. Por otro lado, podemos potenciar distintos aspectos actitudinales que conviven necesariamente en el día a día de un deportista, como cuidar su dieta, descansar correctamente, etc. Y, por último, ineludiblemente fomentaremos una serie de valores a través de nuestro propio estilo de juego, de nuestra manera de entender el fútbol.




Normas y reglamentos. Derecho y deber al mismo tiempo

Algunos de los instrumentos que nos pueden ayudar a trasladar los valores que esperamos como entrenadores en el equipo son los reglamentos, decálogos, manuales de procedimientos o mensajes compartidos. Eso sí, siempre sin olvidar que lo más importante será́ lo que consigamos transmitir a nuestros jugadores con nuestro propio proceder en el día a día: aquello que vean, perciban y sientan cotidianamente.

Según el tamaño del club y su estructura, podemos encontrar diferentes documentos que nos indican las normas, derechos y deberes, en lo relativo a jugadores, entrenadores y otro personal del club: políticas de confidencialidad; recomendaciones para el uso de las redes sociales y las nuevas tecnologías; pautas y protocolos de comunicación concretos; las obligaciones o códigos de conducta estrictamente profesionales relacionados con la vestimenta, la puntualidad u otros, como en cualquier organización empresarial o laboral. Asimismo, en cuanto a la plantilla, también podemos como entrenadores desarrollar dichos reglamentos y proporcionar instrumentos a los jugadores para trabajar mejor en equipo. Ahora bien, el modo en que lo hagamos también en esta ocasión puede variar. Podemos plantear un reglamento muy definido por nosotros mismos, o, de otra manera, permitir que sean los propios jugadores quienes lo creen. Desde mi punto de vista, como en muchas otras ocasiones, la mejor opción no sería ninguna de las dos anteriores, sino que más bien para la confección del reglamento interno del equipo debería participar todo del equipo: técnicos, otros trabajadores y jugadores. Eso sí, el entrenador será el encargado de tomar en última instancia las decisiones finales relativas al mismo. Así, se proponen a continuación algunas pautas para la construcción de un reglamento.




Este proceso puede repetirse tantas veces como se considere oportuno, hasta que se alcance el consenso esperado. No obstante, no es conveniente que se alargue en el tiempo, puesto que, además de comenzar su aplicación de manera tardía, podría generar tensiones e incertidumbre, así como la desautorización del entrenador. Por ello, en el plazo de una semana o dos, como máximo, el entrenador deberá fijar el reglamento final.

Otros instrumentos que nos permiten trasladar los valores que deseamos al equipo son los mensajes compartidos. Podemos hacer llegar un mensaje a través de carteles, murales participativos expuestos en zonas comunes de la plantilla, como el vestuario, el pasillo que conduce al terreno de juego, el gimnasio u otros. Pueden tener un carácter temporal, para poder afrontar un partido importante en un momento concreto, o, por el contrario, ser mensajes que permanezcan inalterados toda la temporada, de gran calado y que definan a nuestro equipo siempre.

También podremos utilizar tantos recursos como creamos oportunos para transmitir aquellos valores que pensamos son más importantes potenciar en nuestro equipo, ya sea a través de la música, el visionado de vídeos, la recomendación de lecturas o la realización de dinámicas grupales específicas.


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