Historias de pretemporada (I). Historias del deporte para la vida.

Todos los inicios de pretemporada me gusta hacer en la primera semana de ésta una actividad diferente con el equipo, sin balón, lejos del campo de juego, pero con mucho contenido y llena de significado. En algunas ocasiones, una ruta en bici, en otras, la ascensión a un pico. Otras, un rafting en aguas bravas, una convivencia con paseos, juegos y otros momentos. Todos juntos, hasta el directivo encargado de vender las tiras para el sorteo del jamón e incluso las familias en algunos casos. A continuación, os cuento una de estas historias. Historia 1. Ruta en bici. "La vida, el deporte y la temporada es como ir en bici a la Diezma de Grisel, en Tarazona y el Moncayo". Los primeros compases de la marcha son maravillosos. Tarazona y sus monumentos; Grisel, su castillo y sus vecinos pasando solitarios por sus calles; el pozo de los Aines, mágico e imponente. Sin darte cuenta llega el momento natural en el que te topas de bruces con un muro infranqueable. Levantas la mirada y ahí está. La Diezma. Te encuentras frente a ella, le miras cara a cara, desafiante, pero al mismo tiempo con respeto e incluso asustado por si te comerá, viendo los sinuosos y escarpados caminos que la atraviesan. A partir de ahora se te exige una mayor responsabilidad, mucho esfuerzo y soportar la presión que llega desde todas partes, baches, patinazos y el abismo a un lado. Enseguida surgen las dudas y todo se pone muy cuesta arriba para alcanzar nuestras metas. Problemas, incertidumbre, mucho esfuerzo sin recompensa e incluso dolor. Por el camino se sufre mucho. No solo tú, también el resto. Puedes ir solo e intentar superarla lo antes posible, con la inseguridad que eso supone, o por el contrario puedes ir acompañado y llegar más lejos, colaborando mutuamente, apoyándoos y sabiendo que en caso de dificultades todos juntos lo llevaréis mejor. Así, unidos, convencidos y con fe, empujando con la mano en la espalda del compañero que lo necesite, disfrutando de ver como progresamos, poquito a poco, más rápido o más despacio, pero viendo y sintiendo que no paramos de avanzar y estando agradecidos en todo momento y sintiéndonos privilegiados por hacer lo que hacemos, lo que nos gusta y apasiona, nos plantamos a escasos metros de la cima. Ya queda poco para alcanzar la meta, se ve cerca la cumbre, pero no es más fácil, viene lo más duro, una pendiente enorme y los gigantes molinos desde su cúspide soplando fuerte y diciéndote aquí no vengas, es nuestro territorio. Enérgico por tu deseo pero casi vacío por tus piernas, finalmente, llegas a lo más alto, ¡lo has conseguido!. ¡Qué sensación tan maravillosa!, tocar el cielo, sentir el aire en tu cara y notar tus pulmones engrandecerse. Qué sensación tan gratificante, echar la vista atrás y ver todo lo que has superado para llegar hasta allí. Es precioso estar ahí, disfrutar de lo que te has ganado, ver las aves volar, la vegetación, corzos, gamos y otros animalillos saltar, y sobre todo contemplar el paisaje, el horizonte. A un lado, los Pirineos, al otro, el Moncayo. Extraordinario. Sin embargo, sin darte cuenta y de repente, sientes un frio helador que penetra en tus huesos y el viento te corta en la cara. Te has relajado. Y te lo recuerdan los gigantes molinos que soplan con sus aspas e intentan desplazarte de lo más alto. Titubeas, te  quieren sacar de ahí. Entonces te das cuenta que fue difícil llegar hasta allí, pero no menos complicado mantenerse arriba. Bien contrario es bajar, ¡qué rápido se baja!, e incluso puedes acabar descalabrado. Tu no quieres bajar, pero ya no puedes parar. En un breve suspiro, estás en lo más bajo. Miras atrás y piensas, con todo lo que he hecho yo y qué rápido se ha esfumado todo lo bueno. Puedes sentirte triste y pensar en abandonar, pero debes saber que es más lo que pierdes que lo que puedes ganar. Si eres positivo, confías en ti y tienes fe, levantarás la mirada y enseguida verás delante de ti una nueva y preciosa oportunidad surgir, el Moncayo. Adelante, a por él, hasta la cumbre. La vida es apasionante y preciosa. Aprender, mejorar, crecer, compartir y disfrutar de cada momento, a veces más, a veces menos, de una u otra manera es fundamental para no darte la vuelta a la primera de cambio y recorrer todo el camino hasta conseguir tus metas.






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